1984, O cuan peligrosa puede ser la ciencia ficción.
Un clásico en la
literatura que apenas me atrevo a reseñar por su envergadura e importancia en
la cultura contemporánea, pero que me parece necesario relevar dados los
tiempos que corren, cuando una de las mayores potencias mundiales tiene en vilo
a toda la humanidad en su avance para tomar posesión de Ucrania.
Mi primer
acercamiento con el libro son las películas distopicas de los 70’s y 80’s que
me veía en la tardes de cine del canal 13 o en otros horarios y que disfrutaba
cada vez que coincidía. Marcados me quedaron algunas escenas y situaciones como
la quema de libros de Farenheith 451 ( Ray Bradbury ) o la primera versión de
Soy leyenda protagonizada por Charlton Heston (de 1971, varias décadas antes de
la de Will Smith y donde los zombis hablaban). Sabia que “1984” era una de esas
historias, pero nunca vi la adaptación hasta ahora luego de leer el libro, que
como ya hemos planteado en este espacio, puede ser lo ideal para valorar de
verdad la obra literaria.
Por que leerlo?,
es de esos libros a los que se llega por recomendación, no de amigos, si no
que, de otros autores, artículos y/o referencias directas en otras obras que te
obligan a buscar de donde viene tanta buena critica.
Y leyéndolo uno se da cuenta porqué.
La historia parte
con la descripción de la vida de Winston Smith, funcionario del Ministerio de
la verdad, con una vida gris llena de restricciones producto de un régimen
totalitario y asfixiante que no deja ninguna libertad y coarta todos los
derechos civiles y sociales. Winston trabaja en una gris oficina que regula la
información oficial del partido que gobierna el macrocontinente llamado Oceanía,
que comprende lo que hoy conocemos como Gran Bretaña – América y Oceanía. El
régimen, dirigido por “el partido”, esta en permanente guerra con los otros dos
macro-continentes, Eurasia y Esteasia, con los cuales permuta su rol de aliado
enemigo durante la novela y al parecer durante gran parte de la historia
reciente de la humanidad.
La descripción de
la vida de Winston nos deja claro que la sensación de opresión es una constante
y que todos quienes pueblan el Londres de la novela, principal metrópolis de Oceanía,
padecen las consecuencias de estar en una guerra permanente, pues los víveres
escasean y toda la información que llega guarda relación con los avances y
victorias de la guerra o bien para denostar a los enemigos, externos e internos
del régimen. Pues si, existen disidentes y una posible resistencia, la
esperanza de derrocar el gobierno opresor, aun cuando los lideres que el
régimen logra capturar son torturados y expuestos al escarnio publico,
revelando hasta sus mas oscuras motivaciones.
Pocos aspectos de
la vida son para el placer y tanto el trabajo, como el deporte o la educación
están completamente regulados por el estado opresor. La alegoría con un estado
fascista y omnipresente es clara y esta representada en la figura del Hermano
Mayor (Big Brother), personaje claramente identificado como el líder del
gobierno, que a pesar de no interactuar con nadie esta presente en toda la
novela, en carteles y telepantallas con su cara observándote en todo momento. es
a quien los ciudadanos deben total pleitesía y fidelidad pues es la
representación del partido aun cuando a quien mas teme Winston es a la policía
del pensamiento, brazo represor del régimen que puede arrestarte y hacerte
desaparecer solo por considerar que tienes ideas opuestas o si alguien te
delato. ¿Les suena conocido?
Los únicos que
cuentan con algún grado de libertad en un sistema totalmente opresivo, son los
proles (clases bajas) quienes relegados a los guetos de la ciudad al menos
cuentan con mayor libertad para vivir, criar hijos o de plano volcarse a los
vicios. Con la salvedad de que son en estos sectores de la sociedad donde la
guerra golpea mas fuerte, con continuos bombardeos.
Pronto nos damos
cuenta que, por su cargo dentro del partido exterior, el único espacio de
libertad de Winston es su mente, en la cual podemos ser testigos de las
incongruencias que pueblan la realidad. Winston trabaja para el ministerio de
la verdad, que esta a cargo de corregir la historia a través de la prensa, modificando
noticias pasadas, según con quien se encuentren en guerra o según quien sea
descubierto como traidor, lo cual hace con especial talento pero que sabemos va
contra todo lo que el cree.
Luego están los mecanismos de control como la hora del odio, donde todos los funcionarios públicos asisten a una especie de noticiero, proyectado en sus salas comunes en el trabajo y donde son informados, pero además pueden verter toda su emocionalidad y rabia hacia las figuras de los enemigos del régimen.
La constante manipulación de la versión oficial, según con quien se este en guerra, contrastan con la necesidad de Winston de saber la verdad, una noción que perdió hace mucho tiempo, cuando de niño pierde a su madre y hermana producto de la guerra.
Vemos como ha logrado eludir el control totalitario fingiendo total fidelidad al partido a pesar de que aborrece al resto de funcionarios que lo rodean y sus continuas demostraciones de aprobación a las medidas restrictivas. El chocolate y el alcohol son racionados y de mala calidad. Es sin duda la peor vida que se puede imaginar, pero Winston mantiene la noción de que no fue siempre así y su búsqueda de la verdad lo lleva a buscar un escape.
En sus continuos paseos por los barrios proles encuentra a una chica del partido que prontamente le demuestra su interés y le hace ver sus ideas comunes. Julia representa todo su anhelo de libertad y de amor por lo que no esta permitido, por la vida de placeres y es el paso ciego al abismo que sabe lo llevara a ser descubierto. En verdad ambos lo saben pero se arriesgan.
Tuve el temor, al
empezar a leer, que dado el carácter critico y sarcástico de Orwell (ya había
leído la rebelión en la granja, otro clásico del autor e imprescindible
lectura), la historia fuera una alegoría propagandística de los riesgos de un
régimen totalitario de izquierda, para lo cual ya tenemos bastante con nuestra
propia clase política mojigata y temerosa de los cambios al status quo. Pero
afortunadamente me equivoque ya que el libro es mucho mas profundo que eso.
Es una obra de
sus tiempos, posguerra, con la desesperanza propia del trauma de ver amenazada
la libertad durante tantos años. Pero también es un libro que trasciende el
tiempo y vigente completamente, antecedente claro del steampunk (genero muy
popular por estos tiempos), logra retratar los regímenes totalitarios de
cualquier ideología, de manera casi caricaturesca pero pavorosamente real. No
cuesta imaginar que algo así podría pasar en el mundo si los fanatismos y los
lideres carismáticos enceguecidos por el poder dieran rienda suelta a sus
necesidades de control y no hubiera oposición suficiente.
Quizás el libro
va mas allá ya que nos deja una sensación de impotencia y desesperanza por la
crudeza que retrata. Los proles y sus vicios que no permiten la rebelión por
una parte y las élites dominantes que también con sus vicios, vulneran toda
libertad, inclusive la de tener opinión propia y dominan hasta los
pensamientos.
Por último decir que si, hay una película, bastante buena y que logra transmitir la esencia del libro, con actores notables como John Hurt, Suzanne Hamilton y Richard Burton en los papeles principales, que probablemente de manera intencionada, se estreno en 1984 y que esta dedicada a Burton quien fallece luego de filmarla.
Claro que la recomiendo, pero aunque suene repetitivo, si ya lo leyó o si no lo ha hecho, abrir las paginas de 1984 no tendrá desperdicio pues es una obra completa en su forma y fondo, imprescindible para estos tiempos.
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