Un vistazo al Apocalipsis
Muchos llevan el apodo de "The King" en un género artístico, pero solo uno en la literatura de terror y suspenso y que además no lo necesita porque es su nombre: Stephen King cuenta con una amplia obra que posiblemente sea la envidia de muchos de sus contemporáneos, incluso de George RR Martin, quien alguna vez confesó que lamentaba no tener el talento de Stephen King para escribir con rapidez un numero asombroso de carillas al día. Y no pocos sabrán que el problema del autor de Game of Thrones es justamente no poder terminar los dos libros que le quedan de su obra maestra.
Pero esto no sería para nada remarcable, si además no estuviera acompañado de la calidad de su obra. King es reconocido ampliamente como uno de los más grandes exponentes del terror y el suspenso en la literatura. Sucesor del legado del terror gótico de Hoffman, Lovecraft y Poe, probablemente aún no alcanza ese puesto en el panteón como leyenda, pero poco le falta. A su proliferante obra se suma el entrelazamiento de tramas paralelas, escenas dantescas, la mezcla del terror cósmico con las pesadillas y los traumas psicológicos, pero sobre todo destacan sus personajes complejos, imperfectos y llenos de pecados que los hacen completamente creíbles. Te metes en sus novelas y cuando sales piensas que esto podría pasarte a ti. El deleite del terror.
Por eso, en mi intrincada y aventurera cruzada
de defender los libros por sobre las películas, hoy me quiero detener para
visitar una de sus obras que, aun cuando no sea de sus más reconocidas, es una
de sus más extensas y completamente vigente como es “The Stand”, o como fue
renombrada y traducida luego: Apocalipsis.
El libro comienza con una serie de historias de
personajes queribles y otros no tanto que se van intercalando en los capítulos,
en cuyo relato vemos cómo se van desencadenando los hechos luego de que se
desata “por accidente” (y es que si no, no podrían pasar las cosas en los
libros ni en ninguna historia) un virus letal altamente contagioso y que al
parecer fue creado artificialmente en algún laboratorio militar de EEUU, para
luego diezmar al 99% de la población mundial. El virus, llamado el Capitán
Trotamundos, comienza como un simple resfriado pero prontamente ataca el
sistema completo del huésped y no parece haber escapatoria a sus consecuencias
mortales. Puede que esto les suene levemente familiar, solo que acá esta
magnificado y los únicos que se salvan son el pequeño porcentaje de humanos
inmunes, entre los cuales obviamente se encuentran nuestros protagonistas: Stu
Redman, un cowboy de Kansas, Fran Goldsmith, que embarazada pierde a toda su
familia y queda sola con el hermano de su mejor amiga Lloyd Henreid, un
desadaptado en toda su vida, que está enamorado de Frannie y se perfila como
uno de los antagonistas de la historia; Larry Underwood, músico quien justo
antes de la pandemia había logrado su “one hit wonder” y adicto a las drogas;
Nick Andros, un sordomudo muy inteligente y que lidera al grupo de los
sobrevivientes; Tom Cullen, quien recorre parte de la travesía de Nick para
encontrar su lugar definitivo; Nadine Cross quien es víctima de abuso cuando
pequeña y parecer ser la prometida del hombre de negro, Randal Flag, el
anticristo o la encarnación del mal y el principal antagonista que aparece en
el momento oportuno para apoderarse del mundo y formar una nueva sociedad
basada en la tiranía y los placeres mundanos.
Por ultimo pero no menos importantes, se nos presenta Madre Abigail, que es la antítesis del hombre oscuro. Es una mujer de color de antepasados esclavizados, ya anciana, que inspira paz y es quien parece transmitir el mensaje divino pues dice hablar con Dios. Es quien guía a los sobrevivientes, asi como Flagg lo hace con sus acólitos, a través de sus sueños, para que se encaminen a Boulder, un lugar perdido en el interior de EEUU, que puede ser la última esperanza para la humanidad.
Es imposible contar esta obra de otra manera.
King resalta la ambivalencia de sus personajes, los cuales no son perfectos,
tienen pulsiones, adicciones y actos completamente egoístas, por eso los hace
tan cercanos, pero a todos les permite la redención, ya que está muy presente
en este libro, el motivo fundamental de la lucha entre el bien y el mal.
El autor nos hace preguntarnos qué pasaría si
estuviésemos al borde de la extinción como especie, que acciones tomarían los
sobrevivientes, como se organizarían o como se establecerían las instituciones
si todo tuviera que comenzar de nuevo, pero con la experiencia de la sociedad
occidental y sus fundaciones. Pero King va más allá que otras obras de la
cultura pop como Walking Dead o la infinidad de series de Netflix sobre futuros
post-apocalipticos. En The Stand, King enfoca la lucha por la supervivencia
luego del desastre, como la lucha entre las fuerzas antagónicas que mueven el
mundo, encarnadas en el hombre oscuro y la
madre Abigail, pero que dividen la naturaleza del hombre, en quienes son
débiles ante los deseos de autosatisfacción y quienes, acogen el llamado para
generar una sociedad mejor, idealistamente instalada en algún lugar de EEUU, en
donde se puede comenzar de nuevo pero ahora sí, hacer las cosas bien.
Debo parar en este punto para decir que, este
libro fue mi introducción a la obra de Stephen King, en tanto llegue a él pues
no se trataba de un libro de terror de por sí, si no mas bien de ficción post-apocalíptica,
ya que aún el género del terror no me cautivaba. Pero fue empezar a leerlo y
darme cuenta de la posibilidad que da este género para tratar los temas
fundamentales de siempre, acompañados de los terrores más humanos, los miedos
cotidianos y los temores primigenios a la oscuridad, el fuego, la muerte y el
cambio que siempre nos acompañan y a veces solo matizan y otras embargan el más
absoluto sentimiento vital.
Se puede llegar a este libro como yo, buscando
una buena historia de “acabo de mundo” y en ese sentido será satisfactorio pues
King es un gran narrador. No es menos sugerente los paralelismos con lo que
estamos viviendo actualmente y por eso probablemente es una de las obras del
autor que más tienta a visitar, pues fue escrita en el año 1978, en su versión
original, lo que no deja de sorprender ya que al parecer veníamos anticipando
un escenario mundial como este hace tanto tiempo.
Solo me puedo referir a esta última versión, que a mi juicio no le hace justicia al libro y confirma mi premisa de que siempre será mejor bancarse la lectura. Ya que por un lado no se logra la profundidad de los personajes y por otro, algo que es fundamental para aprovechar el contexto del terror, como es la figura del hombre oscuro, Randall Flagg, el anticristo, no logra atemorizar ni dar con el real sentimiento de desamparo que ocasionaría que un personaje como ese apareciera en la tierra para gobernarnos.
No intentaré convenceros de que es mejor, las
series son disfrutables hoy en día y los personajes siguen y seguirán siendo
adorables, pero me atrevo a asegurar que la valoración del genero del terror
que pude experimentar a partir de la
lectura de esta novela, va más allá de la experiencia televisiva pues
obviamente es imposible homologar dos géneros artísticos como la literatura y
la realización audiovisual, como si fueran comparables. Solo que si eres adicto
al terror y te parece inconcebible experimentar el temor a través de la
lectura, te desafío a tomar en tus manos “The stand”, leerlo, y luego valorar
el género del terror como algo más que solo el efectismo de helarnos la sangre.
Al parecer hay autores como Stephen King que esperan hacernos reaccionar mucho más
allá.
Y para reforzar este último argumento, un
detalle: Stephen King, en parte por haber logrado una extensa obra, se permite hacer referencias en sus libros, a lugares y/o
personajes ya utilizados, lo que le otorga a su obra un carácter de
universalidad y de multiplicidad que difícilmente pueden lograr otros autores.
No es el primero, ni será el último. Pero lo maneja “a piacere” y como ejemplo
es que el hombre oscuro, nacido como personaje en esta obra, reaparece en la
serie de libros de la Torre Oscura, como principal antagonista del pistolero,
encarnando una vez más la dualidad entre el bien y el mal, temática tan
presente en la bibliografía del rey de terror.
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